Las abejas, junto con otros agentes polinizadores, son imprescindibles para un buen funcionamiento del ecosistema. Si estas especies se ven amenazadas por los efectos de la mala acción del hombre, todo el ecosistema se ve gravemente afectado: el físico Albert Einstein dijo: “Si desaparecieran todas las abejas de este mundo, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida”

Las abejas obreras son la base de la colonia, encargadas de muchos trabajos que van alternando a lo largo de su vida, como hacer de cuidadoras, guardianas, constructoras y recolectoras de alimento, al cual se dedican con empeño y generosidad.

Son especialistas en explorar el terreno que rodea la colmena en varios quilómetros; cuando detectan alimento, informan al resto de obreras para que puedan también acceder al lugar, éstas a su vez valoran su calidad y empiezan una serie de danzas circulares que indica su posición.

La abeja se sitúa sobre la flor y busca el néctar, lo chupa, lo guarda en su abdomen y lo transporta hacia la colmena, combinándolo con sustancias específicas propias antes de almacenarlo y dejarlo madurar en el panal; le extrae la humedad y tapa las celdillas con cera para su mejor conservación. Ahora ya tiene la miel que utilizará como fuente energética para mantener la temperatura interna de la colmena. La abeja obrera también tiene a su cargo la recolección del polen para alimentar la cría de abejas y elabora la jalea real y el propóleo.

La reina es la madre de toda la colonia, es capaz de hacer una puesta de varios miles de huevos al día, según las condiciones ambientales y alimentarias.

El zángano es el macho encargado de fecundar la reina, calentar el nido y colaborar en los diferentes trabajos de la colonia.